Venezuelako hauteskundeak: Chavezen garaipena

Chavez: "El pueblo votó por el proyecto socialista bolivariano" "¡Viva la revolución socialista!"

Bajo un auténtico diluvio, el presidente Chávez salió pasadas ampliamente las 10 de la noche al Balcón del Pueblo, rebautizado por él mismo después de hoy como Balcón de la victoria popular, para dirigirse a los centenares de miles de seguidores que desde que se cerraron los centros de votación inundaban las calles de Caracas.

"¡Viva la revolución socialista!"

Como es habitual en las grandes ocasiones, Chávez antes de hablar cantó el himno nacional "Gloria al bravo pueblo", acompañado por centenares de miles de voces convertidas en una sola voz. "¡Viva la revolución socialista!", gritó un Chávez visiblemente emocionado y mojado también por la lluvia tras terminar la canción. Estaba rodeado de los ministros del Gobierno Bolivariano, la Presidenta de la Asamblea Nacional, Cilia Flores y algunas de sus hijas. "¡Uh! ¡Ah! ¡Chávez no se va!", respondió un impresionante clamor salido del corazón de centenares de miles de personas. "¡Que viva también esta lluvia, que viva la victoria popular!" "Victoria, victoria, victoria popular", respondió el pueblo.
Enfrente, sobre el techo del Palacio Blanco, los militares de la Guardia de Honor ondeaban la bandera nacional en una épica imagen que recordaba uno de los momentos más emotivos de la insurrección popular que derrotó el golpe de abril de 2002. La fiesta y la emoción se desataban tanto sobre el techo del palacio, como en el Balcón del Pueblo y más aún en la calle, la Avenida Urdaneta y Puente Llaguno hirviendo una vez más de pueblo y fervor revolucionario. El humor tan característico del pueblo venezolano no estaba ausente: un grupo de revolucionarios portaban un enorme ataúd negro con la leyenda: "Rosales aquí está tu negra", en alusión a la tarjeta de crédito que los dirigentes de la oposición distribuyeron en los sectores populares como "proyecto social" con el que buscan comprar voluntades y sembrar confusión entre los sectores más agobiados económicamente y menos conscientes políticamente de las masas.
Chávez destacó que esta victoria de hoy "no tiene comparación en nuestra historia" y la comparó con todas las victorias anteriores: "Hace ocho años ganamos con una diferencia de 800.000 votos, hoy, ocho años después, ganamos con prácticamente 3 millones; hace ocho años tuvimos el 55 por ciento de los votos, en el 2000 ganamos nuevamente con un 58 por ciento, en 2004 ganamos el referéndum con un 59 por ciento y hoy hemos roto el techo del 60 por ciento".
Chávez felicitó a todo el pueblo y destacó varias veces el hecho de haber superado el 60 por ciento. Durante las últimas semanas entre los sectores más a la izquierda que apoyan el proceso revolucionario se debatía mucho esta cuestión: según parece en los círculos dirigentes de la revolución, o al menos en parte de ellos, se había impuesto la idea de que para radicalizar la revolución y llevar a cabo el giro hacia una profundización de la revolución hacia el socialismo que planteó Chávez al inicio de esta campaña, era imprescindible pasar del 60 por ciento de apoyo. Entre no pocos sectores de las bases, inquietos por la desmovilización y falta de participación de las bases en la organización y dirección de los comandos de campaña que caracterizó esta campaña frente a la Batalla de santa Inés, incluso crecía la idea de que un sector de dirigentes reformistas parecía jugar a ganar las elecciones por un margen menor al 60 por ciento y utilizar así ese resultado como excusa para frenar la revolución.
Sea como fuere, la victoria con un porcentaje superior al 60 por ciento no sólo ha entusiasmado a las bases revolucionarias. El propio Chávez daba la sensación de estar muy emocionado y recalcó ese dato en varias ocasiones.

"Vía venezolana al socialismo"

El presidente Chávez no concretó los planes para hacer avanzar la revolución, como tampoco lo hiciera tras la victoria de 2004 en un discurso bastante parecido a éste. Sin embargo, uno de los aspectos más importantes del discurso (y que pueden tener mayor trascendencia para la nueva etapa que se abre tras esta victoria revolucionaria) fue la idea de que la revolución no sólo continúa sino que se va a intensificar. “Les dije que el 3 de diciembre no era un punto de llegada, les dije que sería un punto de partida y es un punto de partida. Hoy comienza una nueva época: que podemos resumir en cuatro líneas. La idea-fuerza central es la profundización, ampliación y expansión de la revolución socialista. Más del 60 por ciento de la población no votó por Chávez sino por un proyecto que tiene nombre: el socialismo venezolano".
El presidente no dijo en qué consistiría concretamente lo que definió como "vía venezolana al socialismo". Habló de que había llegado el momento de construir una economía socialista, un estado y una moral socialistas pero no definió las medidas concretas que pensaba tomar, aunque insistió en que uno de los aspectos centrales de esa nueva etapa debe ser "la batalla contra la contrarrevolución burocrática y contra la corrupción". Este planteamiento despertó el entusiasmo de las masas pues la burocratización a la que Chávez se ha referido ya en varias ocasiones es uno de los aspectos que más preocupa a las bases bolivarianas. Chávez planteó que esa batalla debía ser "una batalla por un nuevo estado que sea capaz de derrotar esa burocratización" en lo que parece una búsqueda para dar un nuevo salto adelante en la revolución. Esto es precisamente lo que espera el pueblo y esta referencia despertó el entusiasmo generalizado.
Chávez finalizó su discurso recordando las políticas exitosas que ha aplicado el Gobierno Bolivariano en distintas áreas y planteó que las Misiones no sólo continuarían sino que se intensificarían, también planteó como un eje central la lucha por seguir mejorando la calidad de la salud y su extensión, el desarrollo del empleo productivo, la mejora de la calidad de vida, la lucha contra la violencia y se refirió en especial al problema de la vivienda, definiendo los objetivos de "viviendas dignas para todos" y "educación gratuita y de calidad" como ejes centrales de esta nueva etapa.
Chávez volvió a recordar que "Venezuela nunca será una colonia" y saludó al pueblo norteamericano y le envió su solidaridad así como a los pueblos europeos, africanos, asiáticos y de Oceanía. También volvió a insistir en que "nuestro mensaje será el mismo, necesitamos un mundo nuevo, donde se respete la soberanía de los pueblos y las naciones. En Venezuela estamos demostrando que un mundo nuevo es posible y nosotros estamos construyéndolo".
Fue posiblemente uno de los discursos más emotivos de este proceso revolucionario. A Chávez y por supuesto a las decenas, centenares, de miles de personas que le acompañaban se les veía emocionados pero era una emoción que al menos en el caso de los sectores más conscientes es un poco diferente a la de otros momentos, es una emoción más madura y reflexiva. Tanto el Presidente como una buena parte de la vanguardia revolucionaria parecen intuir el peligro que supone que la revolución venezolana no de rápidamente un salto de calidad que solucione todos los problemas pendientes anteriormente citados y particularmente el de la burocracia y la corrupción. Tanto uno como otros parecen sentir que la revolución está llegando a un punto crítico , una de esas encrucijadas en que no avanzar en la dirección que se necesita significa empezar a retroceder, y están buscando el camino para llevar la revolución hasta el final. No obstante, llegados a este punto la revolución no va poder depender de la voluntad de un individuo. El único modo de llevar la revolución hasta el final es con la movilización y organización de las masas por abajo para expropiar a los capitalistas y construir un estado revolucionario basado en voceros elegibles y revocables por las bases obreras, campesinas y populares en asamblea. La economía debe estar en manos del estado para poder planificarla democráticamente con el objetivo de satisfacer las necesidades sociales pero el estado debe estar controlado por los trabajadores y no por la burocracia. Ese es el gran debate que afronta la revolución venezolana. De cómo se resuelva ese debate dependerá nuestro éxito o fracaso en esta etapa decisiva que hoy se ha abierto.

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